20:30 hrs. Teatro Degollado
12:30 hrs. Teatro Degollado
| Locations | Price |
| General | $ 0 |
Programa 7
Marzo
Jueves 19, 20:30 h
Domingo 22, 12:30 h
Teatro Degollado
Jorge Mester director invitado
Robert Thies piano
Franz Liszt
Los preludios
Ludwig van Beethoven
Concierto para piano núm. 4
Dmitri Shostakovich
Sinfonía núm. 6
Sinopsis
Programa 7
Dirigido por nuestro invitado Jorge Mester, este programa explora distintas formas de dramatismo sinfónico entre el siglo XIX y el XX. Los preludios de Liszt inaugura el poema sinfónico como género, donde la música se concibe como reflexión filosófica sobre la vida y el destino. El Concierto para piano núm. 4 de Beethoven, con Robert Thies como solista, introduce una relación inédita entre piano y orquesta: introspectiva, dialogante y radicalmente moderna. Magnánima, La Sinfonía núm. 6 de Shostakovich, escrita bajo la presión del régimen soviético, subvierte la expectativa heroica con ironía y ambigüedad. Tres obras donde la forma sinfónica se convierte en espacio sónico de conflicto, pensamiento y tensión histórica.
NOTAS AL PROGRAMA
Franz Liszt
Los preludios
“¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a un canto desconocido donde la muerte entona la primera nota solemne?”. Con estas contundentes palabras, Franz Liszt introducía su poema sinfónico Les préludes, concebido en 1848. La obra fue escrita originalmente como obertura para la pieza coral Los cuatro elementos, basada en poemas del escritor francés Joseph Autran. En 1854, Liszt la revisó como obertura de concierto y le asignó el título de un poema de Alphonse de Lamartine.
Los preludios se convirtieron así en un retrato de la vida humana, cuyas facetas y emociones se reflejan en una obra continua que transita desde el amor a través de la tormenta, de la paz del campo a la batalla, hasta alcanzar finalmente la victoria ante la adversidad. Desde el comienzo, Liszt introduce un tema principal que se transforma a lo largo de la obra. La lucha y la superación de los obstáculos ofrecen distintas versiones de ese tema, que finalmente emerge victorioso.
Ludwig van Beethoven
Concierto para piano núm. 4
Compuesto entre 1805 y 1806, el Concierto para piano núm. 4 en sol mayor, Op. 58 de Ludwig van Beethoven ocupa un lugar central en su etapa de madurez. Estrenado en privado en 1807 en casa del príncipe Lobkowitz y presentado públicamente en Viena en 1808 con el compositor como solista, forma parte de un momento decisivo de su producción. Pianista destacado y gran conocedor del instrumento, Beethoven concibió el concierto como un espacio de diálogo profundo entre solista y orquesta, más allá de la función meramente virtuosa del género.
La obra comienza de manera inusual: en lugar de la tradicional exposición orquestal, el piano abre solo con una frase introspectiva, a la que la orquesta responde en una tonalidad distinta, estableciendo una tensión que atraviesa todo el concierto. Así, el primer movimiento combina lirismo y juego, con episodios de gran demanda para el solista. El segundo propone un intercambio de extrema sobriedad entre las cuerdas y el piano, interpretado a menudo como una confrontación contenida. El final, en cambio, adopta un tono más ligero y vivaz. El piano y la orquesta abandonan el enfrentamiento para entregarse a un diálogo de agilidad técnica, transformando el conflicto en una resolución conciliadora y llena de energía.
Dmitri Shostakovich
Sinfonía núm. 6
Compuesta en 1939, la Sexta sinfonía de Dmitri Shostakovich fue escrita en un contexto político tenso, poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y tras el pacto germano-soviético. La obra desconcertó desde su estreno por su estructura inusual de tres movimientos: un amplio movimiento lento seguido de dos movimientos breves y rápidos. Esta disposición contrastaba con las expectativas oficiales de una sinfonía heroica, y motivó críticas por su aparente falta de cohesión.
No obstante, Shostakovich declaró que buscaba un tono más contemplativo y lírico que en la Quinta, inspirado en un periodo relativamente estable de su vida personal, aunque marcado por la amenaza constante de las purgas estalinistas. El primer movimiento es un Largo de carácter sobrio y meditativo, que se desarrolla a partir de dos temas líricos. En contraste, los movimientos finales introducen un tono irónico y ligero: un Allegro de aire dancístico y un Presto cercano al lenguaje de los espectáculos de variedades.
Aunque la recepción fue ambivalente, la sinfonía nunca fue objeto de prohibición. Por el contrario, fue impulsada por figuras destacadas como Sergei Koussevitzky y Leopold Stokowski, además de Yevgueni Mravinski, quien dirigió el estreno en noviembre de 1939.
Notas al programa: Montserrat Pérez-Lima